Está de moda hablar bien del gobierno entrante. Muchos que practican
esta actitud esperan favores, situarse en el universo que va a sustituir
al que instaló Zapatero con mano de hierro. El mundo mediático
de Zapatero se extingue. Están por conocerse nombramientos importantes
de la nueva administración. El presidente de la Agencia EFE, el
embajador en la UNESCO, la presidencia de Televisión Española.
Candidatos
no faltan para tan golosos puestos. Pero al margen de las adulaciones
de rigor es cierto que hemos asistido a la transmutación de un
presidente de Gobierno que como líder de la oposición fue correoso.
Hay
que tener memoria de la posición del PP con el proceso de negociación
con ETA, con la agitación de las víctimas del terrorismo o con su escasa
disposición a colaborar en la salida de la crisis con el ex presidente
Zapatero.
Ahora Rajoy no tiene contestación. También por sus nuevos modos y los de sus ministros. José Ignacio Wertz
ha tenido el coraje de situarse frente a la piratería de forma
inteligente: perseguirá a los corsarios que asaltan la propiedad para
lucrarse. Difícil no estar de acuerdo.
El nuevo ministro de
Economía ha empezado a hablar claro de una catástrofe que como se
percibe ya ha asustado antes de formularse. Ana Pastor tiene acreditado talante y talento.
Vendrán
tiempos peores y florecerán las guadañas. Pero de momento el nuevo
presidente del Gobierno se parece mucho a San Francisco de Asís.